martes, 16 de marzo de 2010

de "Siete de oro", Antonio Dal Masetto

Me tomó del brazo y volvimos a sentarnos junto a Gregorio. Estuvimos así, en silencio, bajo un esbozo de luna. El mar cubría todo. Vanda callaba, mordiéndose una uña, la mirada fija en la fría corona de luces, del otro lado de la bahía.